La nación debe de entenderse como las costumbres, mitos, historias que logren causar un sentimiento de identificación en un grupo específico de personas, delimitado en este caso, geográficamente.
Ahora este sentimiento de “nacionalidad” en los habitantes de un mismo país, Perú, normalmente surge y se posiciona en nuestras mentes cuando nos sentimos, o nos hacen sentir “que lo hacemos”, atacados, estafados, dolidos o simplemente encaprichados por algún suceso que nos haga quedar en “vergüenza” frente a los demás.
Si en la literatura se representa la realidad nacional de un país, y ésta a su vez tiene diferentes facultades, como las de crear, consolidar, transformar, desestabilizar o incluso negar la realidad de una nación, por qué es que nosotros, entendiendo “nosotros” como peruanos, no tenemos una literatura capaz de integrarnos a todos con un sentimiento de identificación por algo que realmente nos pertenece.
Hasta el momento no existe una literatura que nos pinte una realidad en la que podamos vernos reflejados, aceptados e incluso retratados con una unidad de sentimiento patrio. Recalquemos que nuestro país, mestizo, libre de purezas mediocres que no aumentan más de lo que ya hicimos nuestro, culturalmente hablando, tan variado y tan rico, nos ha dejado una tarea tan difícil como lo es llegar a entendernos completamente como una nación.
Ahora. Hemos conversado ya acerca de la identidad y de la cultura chicha, cultura que intenta combinar la mayor cantidad posible de perspectivas de vida dentro de nuestro país, ¿cierto? Pero, ¿hasta cuándo uno es capaz de aceptar el ingreso de “costumbres ajenas” dentro de su vida y hasta dónde la literatura, que podría ser chicha, puede ser un arte objetivo que muestre la realidad de un país tal y como es? La literatura es representativa, y siempre lleva en sí el pensamiento o la parcialidad de su autor frente a un tema específico. No es imparcial.
En el Perú, se ve que muchas personas toman muy en serio cualquier cosa que haya sido escrita en un libro, así sean ideas completamente opuestas a las que ellos “dicen” tener. Más aún, hay personas que no someten “lo aprendido” a una evaluación consiente acerca de lo que terminaron de leer. Y es así como también vemos la falta de interés en algunos casos por comprender la identidad de sus propios vecinos, que de alguna manera podrían, tal vez, no hablar ni siquiera el mismo idioma que ellos, con frecuencia, para entenderse dentro de su hogar.
Si no logramos entendernos ni siquiera con la familia que vive al lado, no nos identificamos, ni queremos hacerlo. ¿Por qué criticamos tanto por una falta de identidad? Que el equipo nacional de futbol no va a un mundial hace un muy buen tiempo…, que chile nos roba todos nuestros productos al patentarlos antes de que nosotros siquiera pensemos que nos pertenecen…, que el mar de Grau…, que el agua…, que “el esto…”, que “el aquello…” No. Con esto solo seguimos dándole cabida a un problema creado por nuestros resentimientos y nuestra falta de interés, que da como resultado muchos fracasos y estos a su vez, nos traen el sentimiento de la vergüenza. ¡Oh maravilla! No es la primera vez que menciono esta palabra en éste ensayo ¿cierto?
Pero lamentablemente es cierto, mientras no nos comprendamos todos y sepamos aceptar nuestras diferentes maneras de ver el mundo, mientras no sintamos al Perú como el hogar de tanta riqueza, de tanta mixtura, de tanta diversidad, no podremos unificar una idea de lo que realmente somos y nunca seremos una nación.
“Que el arte esta mezclando y aceptando por medio de lo chicha una forma de ser peruano…” ¡Y qué! Si tú ni nadie, por el momento, se encuentra libre de prejuicios, y muchos no aceptan ni respetan lo chicha como arte, sintiéndose incluso ofendidos cuando escuchan que la ropa Rip Curl, que utilizan, está fabricada con algodón nacional, ¿eso no es acaso una mezcla impura?


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